
P. Tarcisio nació en Loreggia (Padua) el 6 de mayo de 1929. Scalabriniano desde 1946, fue ordenado sacerdote en la catedral de Piacenza el día 21 de marzo de 1953.
Fue enseguida asignado a las misiones de Suiza donde desarrolló su trabajo desde 1953 hasta 1957 en Berna y en Solothurn. Fue llamado nuevamente a Italia para la tarea vocacional y para la enseñanza en los seminarios. Pero el agotador compromiso como vocacionista y su inestable salud lo obligaron a varios períodos de reposo. En ocasión de uno de estos forzados reposos un superior le escribía: “En estos años, con una salud precaria, has dado todo de ti mismo, tal vez excediéndote más allá de los límites de la prudencia… has cumplido bien tu trabajo… te estimo”. Además del trabajo vocacional, encontró el modo de obtener su licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad S. Tomás de Aquino (Angelicum) en Roma, y dirigió numerosas conferencias en varios seminarios de Italia. Desde 1969 hasta 1973 volvió a la misión en Alemania. En abril de 1974, luego de un período de descanso dedicado a la oración y a la reflexión, partió para Argentina. Su mirada de misionero se ampliaba ahora a nuevos y más vastos horizontes.
Abrazó con todo corazón a los migrantes más pobres y abandonados y advirtió en sí la compasión de Jesús: “Viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ellos porque estaban fatigados y abatidos como ovejas sin pastor”. (Mt 9,36).
Y he aquí, entonces, el misionero de los bolivianos con sus largas permanencias en el Norte de Argentina (Salta, Tucumán, Jujuy) y en la misma Bolivia. Siempre motivado por su celo pastoral terminará “perdido” en el Polo Sur. Fue también animador de retiros para el clero de Mendoza y los obispos lo buscaban como predicador de sus ejercicios espirituales anuales. Al pedir de ir a la Argentina entre los sin techo había escrito: “Siento urgente necesidad de realizar un estilo de vida que sea un manantial de oración, en la soledad del silencio, un hogar de comunidad ‘religiosa’ apostólica, eucarística, un testimonio de trabajo manual, de pobreza en el alimento y en la habitación”.
Su figura ascética será recordada por mucho tiempo: la larga barba, la sotana, el poncho, biblia y breviario y ninguna otra cosa en su entorno; pero ciertamente quedarán aún por más tiempo en el ánimo de quien lo ha conocido, su espíritu profético y su carisma.
Murió a causa de un infarto el 3 de octubre de 1983, en el pueblo de Alto Calilegua a 3000 m. de altura, en los Andes, cerca de Jujuy, en el norte de Argentina. Allí se había dirigido - no obstante las precarias condiciones de salud – para sustituir a un misionero de vacaciones. La muerte lo encontró mientras rezaba de noche, ante su Señor en la pequeña iglesia del pueblo.
Su Causa de Beatificación ha sido introducida en el año 2008 en ocasión del 25º aniversario de su muerte.
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Lunes 09 de Febrero de 2009 10:32 |
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