Fundador

Scalabrini

Umberto Marin

TODO PARA TODOS

 Beato Juan Bautista Scalabrini

Obispo y Fundador

 Ediciones Scalabrinianas
Merlo (Buenos Aires)

 

LA TOTALIDAD DE LA CARIDAD

El Obispo Juan Bautista Scalabrini, en su primera Carta Pastoral dirigida a la diócesis de Piacenza, se presentaba de esta forma: "Abrazaré a todos con mi ministerio... trabajando especialmente en socorrer y evangelizar a los pobres". Y aplicándose a sí mismo la célebre frase de S. Pablo (1Cor 9, 22), expresaba su ardiente deseo que "entregándome todo para todos, pueda ganar todos a Cristo".
La Totalidad será verdaderamente el distintivo, tanto de su compromiso apostólico, cuanto de su entrega a Dios. El, en efecto, será también definido "hombre totalmente de Dios, totalmente para Dios".
León XIII quien, al presentar a los obispos estadounidenses a Scalabrini y a sus misioneros, los definió "Viri quos caritas Christi urget" ["Hombres impulsados por la caridad de Cristo"].

 Tapa: Vitral de Juan Ballester Peña en el Santuario N.S. Madre de los Emigrantes en La Boca (Buenos Aires), representando a La Virgen de los Emigrantes y, a sus pies, al Beato Scalabrini acompañando una familia migrante.

 

TODO PARA TODOS

hasta el final

 El último escrito del Beato Monseñor Scalabrini fue la Carta Pastoral en la cual anunciaba su Sexta Visita Pastoral.
La Carta lleva la fecha del 5 de mayo de 1905: la Visita Pastoral tendría que haber comenzado el día 11 de junio. Sin embargo, Scalabrini murió diez días antes, el 1º de junio de 1905.
En esta última Carta Pastoral, afirmando que estaba dispuesto a todo tipo de fatiga, aseguraba querer imitar a Jesucristo quien recorría las ciudades y los pueblos, evangelizando y curando a todos.
Y concluía con estas palabras, que son el eco perfecto de aquellas escritas en la primera Carta Pastoral:
'Yo estaré contento si al final de la Visita pueda verdaderamente repetir con el Apóstol:
"Me hice todo para todos, para ganar todos a Cristo".
Ganar todos a Cristo, he aquí la constante, suprema aspiración de mi alma".

 Traducción: Equipo del Seminario "San José"
Merlo, Bs. As., República Argentina
del original italiano "Tutto a Tutti
Beato G. Battista Scalabrini, Vescovo e Fondatore
"

Postulazione Generale
Casa Madre dei Missionari Scalabriniani
Via F. Torta 14, 29000 Piacenza, s/f.

Corrección y revisión general: Diego A. Barovero

2ª Edición

Con las debidas licencias

© 1997 Ediciones Scalabrinianas

Scalabrini y Trejo - c.c.13-1722 Merlo (Bs.As.) Argentina
Hecho el depósito que indica la Ley N° 11.723

Impreso en Argentina

ISBN 950-99662-2-3

 

INTRODUCCION

El Beato Juan Bautista Scalabrini es hoy recordado y admirado sobre todo como el Apóstol de los Emigrantes, signo que la Iglesia (y obviamente el buen Dios) se interesa por aquellos que viven el más vasto y grave drama social de la época moderna. Pero él puede ser adecuadamente comprendido y evaluado, inclusive en este rol providencial que le es reconocido en la sociedad y en la Iglesia, únicamente si se lo ubica en el contexto de su más amplia y universal vocación, como Obispo de la Iglesia. Su compromiso en el frente migratorio no fue un simple "hobby", por cuanto genial y generoso; sino que fue la expresión más alta y más verdadera de su ministerio episcopal. A tal punto que alguien llegó a afirmar que Scalabrini debe ser considerado, de todas maneras, uno de los mayores obispos italianos, aunque no hubiese hecho nada por los emigrantes. Así lo definió San Pío X, que por decenios se había sentido apremiado por las aspiraciones y por las iniciativas pastorales del intrépido Obispo de Piacenza.

 Con el paso de los años, y a medida que de personaje de la crónica llega a ser personaje de la historia, su figura de obispo se nos presenta siempre más gigantesca y multifacética. Viviendo en el agitado Ochocientos, uno de los períodos más atormentados y cruciales de la Iglesia, él, aunque atento a los problemas de su época, parece haber superado todo límite de tiempo, llegando a ser contemporáneo nuestro; o más aún, un precursor. Así lo consideró su amigo y admirador José Toniolo: "Aquel hombre tuvo la intuición de los hechos futuros, que es propia de las mentes superiores y de los corazones grandes, o más bien de aquellos a los que el Señor llama a hacerse instrumentos especiales y oportunos de sus profundos y misteriosos designios". El, por lo tanto, pertenece al futuro no menos que al pasado. Por su profundo sentido de la Iglesia, de la santidad, de su universalidad y de su misionariedad, Scalabrini es comparado a los antiguos Padres de la Iglesia. Su fervor reformador nos trae a la memoria aquellos tenaces ejecutores del Concilio de Trento como fueron San Carlos Borromeo y San Francisco de Sales. Pero sus clarividentes intuiciones nos permiten imaginarlo hasta entre los protagonistas del Concilio Vaticano II.

 El 4 de junio de 1988, Juan Pablo II, visitando la Catedral de Piacenza, deteniéndose frente a la tumba de Scalabrini, dio de él una definición lapidaria: "Un gran hombre, un gran obispo". El Papa puso de relieve de esta manera su doble dimensión, la espiritual y la social.

Sin embargo, si penetramos más profundamente en la rica personalidad de Scalabrini, descubriremos que él escapa a cualquier clasificación no sólo porque sirvió a Dios y al Hombre con el mismo heroísmo, sino también porque supo armonizar en sí mismo, con extraordinario equilibrio, toda posible antítesis. Fue al mismo tiempo dinámico y contemplativo, prudente y audaz, tempestuoso y ponderado, fuerte y dulce, concreto y creativo, ligado a los valores del pasado y abierto a las novedades de la historia, fidelísimo a la verdad revelada y dispuesto al dialogo con todos, obediente y libre. Fue Fogazzaro quien precisamente lo definió: "Devoto sin medida y sin medida libre".

Anticipando aquello que expondremos, nos place señalar inmediatamente un carisma particular de Scalabrini, aquel de la totalidad. Por este motivo hemos puesto por título a este libro "Todo para todos".

En su primera Carta Pastoral, Juan Bautista Scalabrini se presentaba a la diócesis de Piacenza de esta forma: "Abrazaré a todos con mi ministerio_ trabajando especialmente en socorrer y evangelizar a los pobres". Y aplicándose a sí mismo la célebre frase de San Pablo (1Cor 9, 22), expresaba su ardiente deseo que "entregándome todo para todos, pueda ganar todos a Cristo". Esta totalidad será verdaderamente el distintivo, tanto de su entrega a Dios, cuanto de su compromiso apostólico. Él, en efecto, será también definido "hombre totalmente de Dios, totalmente para Dios".

Este tema de la totalidad fue retomado por él en su última Carta Pastoral, publicada diez días antes de su muerte. En ella, anunciaba su sexta Visita Pastoral y retomando con espíritu profético las mismas palabras de su primera Carta Pastoral, exclama: "Yo estaré contento si al final de la Visita pueda verdaderamente repetir con el Apóstol: "Me hice todo para todos, para ganar a todos a Cristo". Ganar todos a Cristo, he aquí la constante, suprema aspiración de mi alma".

Acerquémonos pues a contemplar esta gran alma, seguros de quedar fascinados y estimulados.

 

P. Umberto Marin, cs.