Parte
IV
HOMBRE DE LOS HOMBRES Y PARA LOS HOMBRES
a)
Las razones profundas del conciliadorismo.
b)
Las razones historicas de la Cuestion Romana
c)
Los caminos de la conciliacion.
c)
“Devoto sin medida y sin medida libre”
Mons. Scalabrini quiso ser hombre de su
tiempo, no soñador nostálgico de épocas pasadas e irreversibles, sino marchar
al paso de la historia, atento a los signos de los tiempos, conocedor realista
de los problemas y de las exigencias de sus contemporáneos, interesado en
preparar un porvenir más humano y conforme al designio de Dios en la historia.
Enfrentó con coraje, energía y en forma
concreta las principales "cuestiones" de su tiempo. La época del
asociacionismo lo vio entusiasta sostenedor de las asociaciones católicas,
aunque discordara con las ideas políticas de quien habría querido monopolizar a
La sociedad se iba descristianizando
rápidamente: urgía "volver conducir a Cristo a la sociedad". Eran
condiciones indispensables: la unión compacta de las fuerzas, la actividad
valiente, la dependencia de los Pastores, en cuanto
El gran obstáculo para la unidad era
La conciliación es un ideal que abarca todos
los aspectos de la vida de Scalabrini. Él concilia el realismo de la historia
vivida con el amor intrépido de la verdad; la libertad y la franqueza del
diálogo con la obediencia; el amor por todo lo bello y lo bueno que Dios puso a
disposición en lo creado con la amistad de los hombres.
Iluminismo, racionalismo, materialismo y
anticlericalismo alejan a Cristo de la sociedad: es necesario promover un
movimiento de retorno, especialmente entre el pueblo. Sólo en la unión está la
fuerza y sólo en la organización la unión es eficiente.
El asociacionismo está por llegar a ser
exclusividad de los enemigos de
"Jesucristo ha sido alejado de la
sociedad"
426.
Convencidos ya los modernos incrédulos que tampoco ellos pueden
derribar, como desearían, el trono de Jesucristo, pensaron confinar a este
eterno Rey de las almas, a este invisible Soberano del Universo, entre las
paredes del templo, alejándolo de todas las competencias de la vida, ya sea
privada o pública. Ellos usaron todas las artes, recurrieron a todos los medios
con tal de alcanzar su diabólico intento; y desafortunadamente, en gran parte
por culpa de la indolencia de los buenos, lo lograron.
Jesucristo, poco a poco, ha sido alejado de la escuela, de las
costumbres, de las familias, de la sociedad. Pero (...) al ser Jesucristo
alejado, nos hemos dado cuenta que al edificio científico, doméstico y social
le ha faltado el fundamento, ¡nos hemos dado cuenta que nos encontramos al
borde de un abismo!
Habían dicho: cada escuela que se abre es una cárcel que se
cierra, y luego no encontraron, los enemigos de
En la familia los desastres del tálamo conyugal, la paz perdida,
los hijos rebeldes han demostrado con demasiada elocuencia que sólo el
Crucifijo podía proteger el hogar doméstico. [1]
"Reconducir a Jesucristo en la
sociedad"
427.
La visión del abismo que está ante nosotros, nos ha hecho
retroceder espantados y todos sentimos instintivamente la necesidad de un
movimiento de regreso a las tradiciones santas de nuestros padres y de nuestras
madres; las sacudidas del edificio, el polvo de las ruinas nos han asustado y
todos sentimos la necesidad de restablecer el equilibrio, volviendo a colocar
en la base a Jesucristo.
Ahora bien, es justamente ese el fin de la acción católica:
promover con una organización acorde a las exigencias de los tiempos, este
movimiento de retorno, asumido ya por la conciencia de todos los honestos;
volver a conducir a Jesucristo en la escuela, en las costumbres, en la
sociedad.
Nuestro objetivo, por lo tanto, no es el de hacer política, como
quieren dar a entender nuestros adversarios. Nosotros queremos ante todo hacer
una obra de saneamiento moral y proveer luego a las necesidades de orden
económico que responden a las legítimas aspiraciones especialmente de la clase
obrera. Los explotadores del pobre pueblo han hecho hasta aquí magníficas
promesas, pero luego no cumplieron con todas ellas.
Prometieron pan y justicia, y hoy al pueblo le falta justicia y
pan.
Ahora bien, nosotros queremos, justamente para provecho del
pueblo, organizar instituciones benéficas, ampliar el socorro mutuo, favorecer
la industria, facilitar el comercio, fecundar las obras de caridad que en
nuestros días son más oportunas. Queremos sobre todo que
Queremos que sea tenido en su debido honor el sacerdocio, que la
juventud crezca formada con sólidos principios y con una vida morigerada, que
la cosa pública sea administrada por hombres íntegros y temerosos de Dios.
Queremos la verdadera grandeza de nuestra patria; por lo tanto,
queremos la libertad del bien y no del mal, o por lo menos, esa libertad de la
cual goza el mal; queremos que la mala prensa cese de sembrar errores y vomitar
blasfemias, que sean removidos los escándalos públicos, que el pueblo no sea en
lo sucesivo más engañado ni traicionado.
Queremos abrir para el niño ese libro que le enseña a ser
cristiano y ciudadano; queremos decirle al obrero que él, también sobre esta
tierra, no será jamás feliz, siguiendo las máximas del socialismo, pero que
vivirá por lo menos un anticipo de la verdadera felicidad, siguiendo las
máximas del Evangelio; queremos decirles a los gobernantes que si el Señor no
protege a los estados, en vano se esfuerzan los que tienen en el puño su
suerte. Queremos, en una palabra, que la sociedad vuelva a ser en sus leyes, en
sus instituciones, en sus costumbres, en su vida pública, como debe ser
verdaderamente, es decir cristiana. [2]
"Debemos organizarnos, debemos
unirnos"
428.
La necesidad de la acción católica es, por lo tanto, urgente y
manifiesta; pero para que resulte verdaderamente eficaz, conviene que sea
disciplinada y uniforme.
Sí, debemos organizarnos, debemos unirnos, porque sólo en la unión
está la fuerza; sólo la unión es el secreto de la victoria.
De aquí la importancia y la necesidad de las asociaciones
católicas y de los Comités parroquiales.
No volveré a repetir lo que ya les dije otras veces al respecto,
en privado y en público, a viva voz o por escrito. Diré más bien lo que quiere
el Papa, intérprete seguro de la voluntad divina (...).
Él quiere que todas las parroquias de Italia posean su Comité
católico, y este Comité debe, sin duda, establecerse en cada una de las
parroquias de la diócesis de Piacenza y no sólo debe establecerse, sino que una
vez establecido debe mantenerse y mantenerse activo.
Mi palabra, esta vez, no es palabra de exhortación, sino de orden
y la dirijo especialmente a ustedes, mis venerables cooperadores en la
salvación de las almas, porque es especialmente a ustedes que el Papa dirige en
tono solemne esas graves palabras: "En las actuales condiciones de
Yo que conozco y he tenido pruebas de la filial devoción de
ustedes y sumisión perfecta al Vicario de Jesucristo en cada cosa, no dudo
absolutamente que se pondrán, si ya no se han puesto, a la obra, con voluntad
enérgica y decidida.
Alejen, mis queridos, las discusiones, las desconfianzas, los
temores.[3]
"La hora de actuar ha llegado"
429.
Los hijos del trabajo constituyen en todos los países del mundo la
masa de las poblaciones. Por lo tanto, formar a los obreros en el espíritu
esencialmente pacífico y saludable del Cristianismo, es lo mismo que salvar a
la sociedad civil.
Son ellos, los obreros, los predilectos de
Mientras nos alegramos profundamente que en algunos lugares de
nuestra Diócesis y especialmente en nuestra Piacenza, esas sociedades ya han
sido instituidas, y rogamos al Señor para que bendiga a los insignes laicos y
eclesiásticos que las promovieron, nos dirigimos a todos ustedes, queridos y
venerables Cohermanos, y les repetimos que es nuestro deseo muy vivo que en
cada parroquia, o donde el número de parroquianos es muy pequeño, por lo menos
en los puntos principales de cada Vicariato,
El socialismo, que impaciente por abalanzarse sobre la presa, se
agita y brama, y con sus rugidos amenazadores hace temblar al mundo, es voz del
Cielo, la que les avisa a ustedes que la hora de actuar ha llegado, que en vano
se ilusionan en poder salvar ustedes, a sus hijos y sus cosas, si no ponen una
valla segura a la arrolladora inundación. ¿Y cuál será esa valla si no una liga
general y compacta de todos los hijos del pueblo educados en la escuela del
Evangelio? (...).
Asociación y acción católica: he aquí la característica de los
verdaderos hijos de
Para alcanzar más fácilmente este fin ayudan admirablemente los
Comités Parroquiales, que nosotros les hemos encomendados otras veces y sobre
los que volvemos a insistir nuevamente. ¡Oh, de cuánto bien son ellos fecundos!
Sea la suma preocupación de ustedes establecerlos en las parroquias, sea el
propósito de ustedes tomar parte en ellos. ¡No puede fallar la bendición de
Dios a las instituciones bendecidas por su Vicario!
Unámonos, unámonos. ¡Qué no se lograría si todos se uniesen, todos
de acuerdo, aquellos italianos que han conservado la fe!
¡Oh! si en toda Italia surgieran los Comités Parroquiales, y en
lugar de solamente dos millares, como ya se cuentan, hubiesen diez mil como se
calcula que son las todas Parroquias, ¿quién puede dudar de la grandeza de los
resultados que se obtendrían en pro de
"Salen los católicos de su
aislamiento"
430.
Salen los católicos de su aislamiento, cerrando filas en numerosas
falanges, levantan frente al sol espléndidas y reverenciadas sus banderas, discuten,
proponen, resuelven, combaten, trabajan.
Y este soplo animador ha penetrado, gracias a Dios, también entre
nosotros.
Todavía no se ha apagado el eco de las voces que resuenan
aplaudidas en los fraternales congresos de Alseno, de Bedonia, de Chiaravalle.
Hemos visto en poco tiempo, gracias a la preocupación de párrocos muy celosos,
surgir varios Comités católicos. Tenemos ya Círculos de
Pero todo esto, digámoslo en seguida y digámoslo claro, es muy
poca cosa frente a las necesidades de la hora presente. [5]
"Es necesario que el sacerdote salga
del templo"
431.
Nosotros debemos persuadirnos bien que hoy ya no basta lo que
bastaba en el pasado. A nuevos tiempos, nuevas industrias; a nuevas plagas,
nuevos remedios; a nuevas artes de guerra, nuevos sistemas de defensa. Hoy,
como les dije en otra ocasión, es necesario que el sacerdote, y el párroco en
especial, salga del templo, si desea ejercer una acción saludable en el templo.
Pero entendámonos: salga del templo, pero después de haber sacado de la piedad
y de la oración luz y consuelo; salga del templo, pero como sale el sol de su
pabellón, esplendoroso por la luz de Dios y por el fuego de la caridad que
ilumina, calienta, fecunda (...).
Nada de odio, ni pasión, ni celo agrio, ni excitación inconsulta
debe salir de nuestra alma y corazón sacerdotal contra los hombres, sino la
caridad que sufre, gime y se entristece sobre la culpa cometida por el hombre y
arrastra y arruina al hombre (...).
Es con estos sentimientos, mis venerables hermanos, que debemos
entrar en el campo de la acción católica. Debemos entrar, repito, y ese es hoy
deber esencialmente nuestro. El que juzgara de otro modo daría prueba de gran
liviandad y de poca reflexión, por no decir de poca fe.
No nos ilusionemos: si no actuamos nosotros, lo harán los otros
sin nosotros y en contra de nosotros. Aunque se nos acuse también de segundos
fines y objetivos mundanos.
La acusación, antes que a nosotros, fue hecha a Jesucristo el que,
por más que enseñara a dar al César lo que era del César, fue llamado seductor
de plebes. Cumplir el propio deber y estar en paz con todos es imposible,
convenzámonos. [6]
"Les recomiendo, en la medida que sé
y puedo, la juventud"
432.
Especialmente les recomiendo otra vez, en la medida que sé y
puedo, la juventud.
Desde el momento en que con toda amorosa atención y solícito
cuidado ustedes han admitido a los niños a la primera Comunión, han cumplido
ciertamente un gran deber, pero no termina aquí la misión de un párroco, por el
contrario, aquí comienza a ser más grave, porque es desde momento que las
pasiones comienzan a despertarse en el corazón del joven, es desde este momento
que los errores, los prejuicios, los escándalos, las seducciones del mundo
comienzan a poner sus virtudes a dura prueba. ¡Oh! ¡ay si el párroco fuese tan
descuidado y sin corazón, como para dejarlo librado a su suerte!
Es necesario, en lo posible, permanecer a su lado, es necesario
iluminarlo, sostenerlo, alentarlo, empujarlo hacia el bien, manteniéndolo
suavemente unido a
El medio más fácil es el de instituir, junto al Comité Parroquial,
la sección Jóvenes. Varios, también entre nosotros, ya hicieron la prueba con
muy buen éxito. Los exhorto a todos a imitar su ejemplo.
Para ello deberán afrontar algún esfuerzo, pero serán compensados
con grandes satisfacciones. Si no, para no referirme a otro motivo, ¿cómo
alimentar de aquí en adelante el mismo Comité y las demás asociaciones
católicas, de hecho tan necesarias?
Para mantenerlas, como dije, florecientes y activas, será de mucha
ayuda que cada Vicario Foráneo designe algún sacerdote idóneo para dictarles,
algunas veces en el año, conferencias familiares, y recorra las diversas
parroquias del Vicariato. Mejor aún, si este compromiso pudiese asumirlo el
mismo Vicario Foráneo.[7]
"Dependencia de los Pastores"
433.
Para que nuestra acción sea y pueda decirse verdaderamente
católica, recordémonos de proceder, en todo y siempre, con disciplina. No
presuman los soldados de ir adelante de los capitanes. Especialmente en nuestro
campo la disciplina es todo. Sin disciplina, o sea sin dependencia plena,
rigurosa, constante de los fieles a sus Pastores, el fácil exceso del celo
individual genera descontento y discordia, divide y cansa las buenas
voluntades, desvía y disgusta a los mejores y contamina con el veneno
disolvente del amor propio tanto las razones del mandar como las del obedecer.[8]
"Estrecha dependencia del principio
jerárquico"
434.
Pretendo que nada se realice sino en la más estrecha dependencia
del principio jerárquico. El laicado católico, si quiere ser instrumento de
salvación en las manos de Dios, debe mantenerse en su lugar. Él en
"217 Comités parroquiales"
435.
Aconsejado por el Ilustre Conde Paganuzzi y convencido de hacer
cosa grata a Su Santidad, procedo a informar brevemente de
La reunión, y por la intervención de casi todos los Obispos de la
región y por la numerosa participación de clero y pueblo, no podría haber sido
más solemne.
Después de mi Carta pastoral del 16 de octubre de 1896 (de la que
me atrevo ahora a enviarle copia) se han constituido en mi Diócesis, además de
las secciones de jóvenes, las sociedades obreras, etc., doscientos diecisiete
Comités parroquiales y todos estaban ampliamente representados en esa reunión.
Estaba también numerosamente representado el clero de la ciudad y de
Todo procedió con serena calma y con el máximo orden. Las
deliberaciones hechas acerca de
El advenimiento del socialismo ateo y
anárquico hace temblar a
Al socialismo ateo se lo debe enfrente con
la acción social cristiana, más que con una estéril condena, que afectaría
también los "justos postulados" del socialismo.
A la propaganda marxista, que seduce a las
masas trabajadoras, se debe contraponer el conocimiento de los problemas
sociales y de las implicancias morales y religiosas que de ellos derivan, y
poner en marcha iniciativas que respondan a las reales y legítimas exigencias
de los campesinos, de los obreros, de los proletarios. Es una obra de justicia
y de reivindicación social, inspirada por la caridad, a realizarse en la
concordia de todas las clases. Salvar a la clase obrera es salvar al pueblo.
"Las causas que hicieron surgir al
socialismo"
436.
Desde hace tiempo la sociedad es presa de fuerzas anárquicas.
Turbada toda autoridad, aflojados los vínculos sociales y familiares, negados, ridiculizados
o descuidados los principios religiosos que santifican los sufrimientos
humanos, la vida social se va haciendo cada día más una selva salvaje, en la
cual cada uno se mueve por su cuenta y por su interés y el bien de uno genera
el mal y la privación de otro, explicando así y poniendo en práctica el feroz
programa contenido en la sentencia del filósofo escocés "Homo homini
lupus".
De aquí la fiebre de las súbitas ganancias, de aquí la angustiosa
conquista del poder, de aquí justamente esa envidia por el bien ajeno que
incita a usurpar, a engañar, a estafar, a romper todo freno y suprimir todo
obstáculo que se interponga a los deseos y a los gozos individuales, única meta
de una sociedad atea y materialista.
Y a estos grandísimos males se ha agregado, se ha ido agravando
año tras año, el aguijón del malestar económico, punzante para todos,
insoportable para el pueblo, al que la pérdida de los consuelos de la fe y de
la esperanza cristiana, y la conquista de nuevos derechos y de la conciencia de
su propia fuerza, hacen sentir en forma más viva la indigencia en la que vive y
lo tornan crédulo y ardiente neófito de toda novedad.
A tanto malestar económico y disminución de la moral, agreguen el
poder del gran capital, tan fuerte y desmedido en la actual organización social
e industrial capaz de atraer, sin riesgos y sin esfuerzos, una grandísima parte
de las utilidades del trabajo, casi como un árbol gigantesco que roba, con sus
mil tentáculos y con sus frondosas ramificaciones, el alimento, el aire y la
luz de las plantas menores que entristecen a sus pies, y tendrán ustedes las
causas que hicieron surgir y reforzaron al socialismo.
Reclutando a sus prosélitos en los talleres, en los campos, en las
universidades, entre la nobleza y el pueblo, particularmente entre el pueblo,
se ha formado en el curso de pocos años un ejército imponente. Todos los
humildes, los oprimidos, los desheredados se sienten como atraídos por la
esperanza de un mejoramiento, así como todas las almas rebeldes y todos los
impacientes que quieren a toda costa cambiar el presente orden de cosas. A
ellos después se van agregando (y son quizás los más temibles, y ciertamente
los más estimables) como aliados o como afiliados aquellos que sienten una
piedad más viva hacia los infelices, más fuerte y más repelente la náusea de la
corrupción que penetra e invade los organismos políticos y llega a los más
altos vértices; y mal pueden tolerar, sin protesta, las injusticias sociales,
el ocio engordado de pocos y la indigencia de los trabajadores, y, unidas en un
individuo, la riqueza, el poder y la indignidad. [11]
"Experiencia personal"
437.
Lo que les diré es fruto de mi experiencia personal. Antes que de
los libros, lo he aprendido al ver tantas plagas sociales y tantas miserias,
sobre las que por deber sacrosanto volqué los bálsamos de la fe y los auxilios
de la caridad. Aún desde los primeros años de sacerdocio, en los meses libres
de las preocupaciones de la enseñanza, ejercí el ministerio sagrado en varios
pueblos de mi diócesis natal y tuve la oportunidad de observar de cerca la vida
en el campo en sus variadas formas y en sus diferentes grados de bienestar, los
pactos coloniales y sus efectos económicos y morales.
Paseaba entre estos campos fecundos (propiedad de un rico señor,
conocido por las fastuosidades de la beneficencia ciudadana), trabajados por
una población laboriosa, que sin embargo contaba con un buen porcentaje de
pelagrosos, y entraba en esas cabañas húmedas y sin postigos con verdadero
sufrimiento para mi corazón.
También fui párroco durante varios años en un suburbio de mi
ciudad de Como.
Contaba entre mis parroquianos con algunos miles de obreros de la
seda, tejedores, hilanderos, tintoreros. En esos años también pude ver más de
cerca la mísera condición de los obreros; mísera por sí misma y por las
contingencias a las que puede estar sujeta. ¡Cómo repercutía en ellos cada
crisis política o financiera, también lejana, que detenía o reducía el
movimiento industrial! ¡Cómo sentían ellos cada pequeño acontecimiento de la
vida! ¡una enfermedad, por ejemplo, una desgracia accidental, que disminuyese
su actividad diaria! Y a estas pequeñas pausas, que sacaban cada una un pedazo
de pan a la pobre mesa, sobrevenían de tanto en tanto las grandes crisis
industriales que interrumpían todo trabajo. En estos casos era la miseria, el
hambre en el estricto sentido de la palabra, apenas disimulado por algún tiempo
por el crédito del almacenero o por un anticipo de salario del industrial. Y
entonces era una carrera ansiosa de los hombres en busca de trabajo y de las
mujeres para pedir subsidios.
¡Oh, las tristes jornadas, cuando yo, visitando los enfermos, no
escuchaba, subiendo por esas pobres escaleras, el sonido seco y casi rítmico
del telar! Tristes bajo todos los aspectos, porque con la miseria entraba con
frecuencia el desorden y el deshonor en las familias.
Y viendo todas esas miserias, y escuchando las quejas, y
conociendo esos incansables industriales, acusados sin razón de explotar a los
pobres, y ese rico propietario bueno y benéfico, que tenía los campos apestados
por la pelagra, me parecía que el mal no residía tanto en la voluntad
individual de los hombres, sino en la forma en que el trabajo estaba organizado
y pensaba que habría sido un bien para todos poder encontrarles condiciones más
equitativas.[12]
"Los postulados del socialismo"
438.
Si el trabajo valoriza el capital, ¿por qué no deberá tener una
participación más amplia en las utilidades, por lo menos tanto como para
asegurar al trabajador un sustento suficiente, sano y seguro?
Si el trabajo es una ley física y un deber moral, ¿por qué no
debería ser un derecho legal?
Si la instrucción es un deber, ¿por qué no se le deja tiempo al
obrero para instruirse, limitando la edad y las horas de trabajo?
Si la higiene es una obligación social, ¿por qué se permiten, sin
la debidas cautelas, trabajos que envenenan y acortan la vida?
¿Por qué no se asegura, contra las desgracias eventuales, la vida
del trabajador y no se provee de manera decorosa a su vejez impotente?
Así pensaba yo, y así habrán pensado muchos de ustedes, a la vista
y en contacto con las miserias sociales.
Ahora bien, esas preguntas, en parte diligentemente ya convertidas
en ley por el reciente trabajo parlamentario, contienen justamente algunos
postulados del socialismo. Hay, por lo tanto, en estos postulados una parte de
verdad, de justicia, que todos los buenos deben aceptar y poner en práctica en
lo posible, no sólo porque lo bueno y lo justo no cambian su naturaleza por ser
sostenidos también por los malos y los que se unen al mal, sino también por
quitar al mismo mal y a lo falso su mayor fuerza de expansión, que consiste en
ser brindado conjuntamente a la verdad y al asumir por eso solo el aspecto de
justicia.
Por lo tanto, no nos dejemos engañar por los nombres y por las
apariencias de las cosas.
Examinemos con serenidad los postulados del socialismo; opongamos
a su acción, con la certeza que nos viene de la posesión de la verdad, la
acción social católica, y sea ella el fármaco reconstituyente de la sociedad. [13]
"La cuestión económica se transforma
en moral, política y religiosa"
439.
El socialismo moderno es, considerado en sí mismo, una cuestión
económica, pero, como es de todas las cuestiones que deben aplicarse al hombre
individuo o en su conjunto, se entrelaza con otras y cambia de naturaleza y
forma, ya que el hombre es una unidad, y todo lo que respecta a esa unidad
indivisible, se entrelaza, se funde y se complica de modo de reflejar los
aspectos múltiples bajo los cuales se puede presentar el hombre mismo.
Así es la cuestión social. Económica en su esencia, se transforma
en moral, política y religiosa en sus consecuencias inmediatas.
En efecto, la fórmula común del socialismo, del comunismo y del
colectivismo, las tres principales sectas en las cuales se dividen los
socialistas, es: todo lo que produce la riqueza (es decir capital, tierras,
instrumentos de trabajo) es propiedad del Estado que distribuye los frutos,
según unos con perfecta igualdad, según otros según las necesidades de cada
uno.
Ahora bien, esta fórmula social, para que se puda poner en
práctica, debe herir a la humanidad en sus más íntimos y sustanciales
constitutivos y en sus afectos más queridos, como son justamente la religión,
la familia y la libertad individual.
Efectivamente, el socialismo moderno, aunque es esencialmente
económico, por esta estrecha conexión que hay entre todas las cuestiones
teórico-prácticas referentes al hombre, no puede prescindir de la religión.
Es cierto que los socialistas, ya sea por indiferencia real, ya
sea por táctica, no hablan nunca o casi nunca de religión y con frecuencia
invocan el ejemplo de Jesucristo y de los primeros cristianos, como precursor
el primero y practicantes los segundos de sus doctrinas. Sin embargo, no
debemos dejarnos engañar sobre sus sentimientos hacia la religión. Su
proveniencia revolucionaria, su fundamento científico completamente
materialista, los hacen intrínsecamente irreligiosos. Ni Dieu, ni maître,
había escrito Blanqui en el encabezamiento de su diario, y estos dos conceptos
dan forma en sí a todo el socialismo. [14]
"Relevar las causas y hallar los
remedios oportunos"
440.
El estado actual de la cuestión social y la difusión progresiva en
nuestra ciudad, en los barrios, en el campo, de las ideas puramente socialistas
o afines, debe hacer más activa y más adecuada a las necesidades, también la
obra de ustedes en el campo social.
Ahora bien, para que un determinado trabajo resulte verdaderamente
eficaz y no exacerbe el mal que se desea curar, requiere más que nada, prudencia,
serenidad de espíritu, ecuanimidad de juicio y mesurado conocimiento y
conciencia de lo que se debe combatir, como de lo que es justo conceder.
Actualicen por lo tanto sus estudios, hermanos queridos, y
pónganse en grado de refutar (hablando su mismo lenguaje) los sofismas con los
cuales los libros, diarios, y conferencistas de propaganda socialista van
embebiendo las mentes de los obreros y de los campesinos.
Yo quise darles el ejemplo con estas advertencias que deben ser
para ustedes un estímulo y un indicador.
Y ya que no es todo negativo lo que dicen los socialistas y yo se
lo he demostrado, y la eficacia de su propaganda reside justamente en la
constatación de un hecho doloroso, o sea en la invasora miseria de la mayoría,
en medio de una verdadera exuberancia de producciones agrarias e industriales
que haría suponer un aumento de la riqueza, así ustedes deberán poner todo su
empeño para destacar las causas de este hecho y para hallar los remedios
oportunos, aceptando y aconsejando los más prácticos, sin detenerse a pensar en
quien los ha elegido o impulsado.
Demostrarán así, en efecto, que esa porción de verdadero bien que
hay en el socialismo está conforme con las máximas evangélicas y puede ponerse
en práctica, también sin la destrucción de la sociedad, caso contrario, es
inútil y desproporcionado para el fin que se propone. [15]
"Formas modernas de hacer el bien al
prójimo"
441.
Dediquen pues todos sus desvelos a las diversas formas e intentos
de sociedades que florecen entre nosotros, ya que el espíritu de asociación ha
aumentado y estrecha los vínculos de la hermandad humana, suple la debilidad de
los individuos y protege de los golpes imprevistos de la desventura: "El
hermano ayudado por el hermano es como una ciudad fortificada". Lejos, por
lo tanto, de contrariar este nuevo espíritu de asociación que se expande y
penetra en todas partes, continúen apoyándolo, y hagan lo posible por
enderezarlo hacia el camino correcto, cuando la inexperiencia o los malos
consejeros intenten desviarlo.
Bendigan también todas las obras de prevención y de mutuo socorro,
y háganse sus sostenedores. El mutuo socorro y la prevención son dos formas
modernas de hacer el bien al prójimo, que reúnen al mismo tiempo las ventajas
de la caridad y las de la educación, en cuanto que haciendo partícipes del acto
benéfico a los beneficiados, los acostumbran a pensar en el porvenir y a ser
provenidos y previsores.
Una de las plagas del campo es la usura, ejercida bajo la forma de
anticipo de productos alimenticios, de semillas, de dinero para la compra de
ganado, etc. El prestamista es retribuido con un interés fijo muy elevado o
bien, en forma para él más beneficiosa como una determinada cantidad de
productos.
Ahora bien, lo mejor de las ganancias de los pobres colonos va a enriquecer
a esos prestamistas; y el que está obligado por la necesidad o por una
desgracia a recurrir a ellos, ve en poco tiempo esfumarse sus magras ganancias
y difícilmente se pone en condiciones de rehacerse y equilibrar su pobre
balance.
Contra ese estado de cosas son remedio eficaz las sociedades
cooperativas de producción y consumo y de seguro mutuo, experimentadas ya con
buenos resultados en Italia y en el exterior y más aún los Bancos Católicos y
las Cajas Rurales que proveen a los pequeños agricultores el capital necesario
con un interés razonable.
Aconsejen esas instituciones y favorézcanlas lo más que puedan
donde existen, y alienten a las personas de bien e inteligentes para que, como
observó con justicia Mons. De Ketteler, el ilustre Obispo de Maguncia (el
primero que estudió la cuestión obrera desde el punto de vista católico), en
otros tiempos los ricos dotaban a
"He instituido en los seminarios
Cátedras agrícolas"
442.
Algunos de ustedes ya han intervenido para allanar las
divergencias frecuentes entre patrones y campesinos, y yo mismo, con ustedes,
en las visitas pastorales me he preocupado por hacer desaparecer costumbres y
gravámenes de otros tiempos.
Continúen en ese camino con prudente firmeza y no permitan, en lo
que depende de ustedes, que abusos e inmoralidades hagan más pesada y dolorosa
la vida de los trabajadores y de los pobres.
Ustedes podrán aportar otras ventajas a los colonos, estudiando
para ellos los nuevos hallazgos y sistemas agrícolas, que aumentan mucho, casi
sin gasto y sin mayores esfuerzos, los productos del campo (...).
En estos veinte años he visto muchas propiedades parroquiales, en
otros tiempos casi incultas, transformadas en viñedos y campos fecundos por la
loable iniciativa de los párrocos, y, siguiendo su ejemplo, territorios enteros
vivificados y fecundados por un trabajo más intenso y más racional. Quisiera
que lo que fue obra de pocos, fuese en el futuro de todos. Para este fin he
instituido, entre otras cosas, en los Seminarios diocesanos, Cátedras
agrícolas, para que puedan proporcionar al clero joven los conocimientos que
los ponen en condición de impartir a las poblaciones que un día le serán
confiadas, junto al pan del alma, el pan del cuerpo. Mientras tanto, no será
difícil, para el que lo desee, aprender en los libros esos pocos conocimientos
que son necesarios para dar a los campesinos, con mucha frecuencia apegados a
las viejas costumbres, las sugerencias oportunas y las indicaciones prácticas,
fáciles de entender y aplicar, y que también son el resultado de largos
estudios y costosas experiencias. Son muy útiles también para este fin las
Conferencias agrarias, y yo las recomiendo con énfasis. [17]
"Hagan obra de reivindicación
social"
443.
Les he mencionado así, sumariamente, algunas de las necesidades
económicas de nuestros campos y los remedios respectivos, experimentados como
buenos en más de un lugar; pero, el mal es multiforme y los remedios deben ser
adecuados y modificados según los tiempos, los lugares, las personas, y
aplicados siempre con gran prudencia y nunca con fines partidarios. No deben
olvidar nunca que Ustedes son los padres espirituales de todas las almas que
fueron confiadas a sus cuidados, y su intervención en asuntos fuera de
Postulados del socialismo moderno son también los siguientes:
limitación de la jornada de trabajo, salario mínimo fijado por la ley, el
derecho a trabajar, el derecho a la huelga, y se puede seguir enumerando...
Ahora bien, todos estos postulados, tomados en sí abstractamente, son buenos y
no contradicen para nada las leyes divinas ni las leyes humanas. Son de la misma
naturaleza de aquellos sobre los jueces entre patrones y obreros, sobre la
pensión a los obreros incapacitados, sobre el reordenamiento del trabajo para
las mujeres y los niños, sobre la higiene en los lugares de trabajo, que fueron
ya traducidos en leyes también en nuestro medio y que no dejarán de dar óptimos
frutos (...).
La acción de ustedes, sin embargo, mis amados cooperadores, será
más útil y más práctica, aplicada no a los requerimientos de índole general,
sino a los particulares y locales que tienen diariamente ante sus ojos; o sea
cumpliendo la obra y dando el consejo de ustedes para alivio de la miseria,
cooperando para sacar abusos e injusticias, enseñando a los ignorantes muchas
cosas útiles, sin cansarse jamás (...).
El mal que aflige a la sociedad no es, como dicen los socialistas,
puramente económico, es también moral, sobre todo moral, y no se da solamente
en la organización social sino también y, principalmente, en los individuos.
Ustedes por lo tanto, mis amados párrocos, llamando a los individuos
a observar la caridad evangélica y los preceptos de la religión, hacen obra de
reivindicación social, ya que la salud de la sociedad está primero en la
renovación religiosa y moral de los individuos; el resto vendrá solo. [18]
“Admirable Encíclica”
444.
Ministro de paz entre los pueblos y Vicario de un Dios de amor,
que se hizo padre de los miserables y de los desamparados, el Papa tiene para
éstos, sin distinción de razas, de costumbres, de religión, los cuidados más
afectuosos, las atenciones más delicadas, porque en ellos es mayor la necesidad
de socorro y protección.
Ellas son, lamentablemente, en el presente las clases obreras.
Precioso instrumento en las manos ajenas, poderoso factor de riquezas ajenas,
al obrero, en nuestros días, algunas veces le falta lo necesario para vivir, y
mientras el desarrollo comercial e industrial de un pueblo, el bienestar
económico de una nación es, por lo menos la mitad, fruto de su trabajo, él, de
este bienestar, no está llamado a participar. De aquí ese vivo antagonismo
entre los propietarios y los proletarios, ese descontento amenazador de las
clases trabajadoras, instigado en los círculos internacionales por las pasiones
políticas, que hoy se traduce en rebeliones parciales y en huelgas, pero que
podría, de un momento a otro, estallar en un vasto incendio (...).
El Papa define claramente cuáles son, en esta cuestión, las diferentes responsabilidades; denuncia las ruinosas doctrinas al respecto, señala los medios que deben aplicarse. Yo no me atrevo a intentar resumir este estupendo entre los estupendos documentos de la sabiduría y de la caridad del actual Pontífice: León XIII no se limita a predicar la caridad a los ricos, la resignación a los obreros. En su admirable encíclica hay algo más. Con su mirada penetrante, así lo han expresado otros, Él ha profundizado la cuestión obrera y ha visto que, si en esta clase amenaza el peligro de la revuelta, la culpa no es toda suya. La injusticia en las legislaciones, la avidez en las ganancias, han hecho del obrero un esclavo del trabajo, luchador en el presente, desconfiado del porvenir, que ha desgastado las fuerzas y la vida para procurarse un pan que tampoco es suficiente para saciar su hambre.