CONGREGACION
DE LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS (SCALABRINIANOS)
REGLAS DE VIDA
BUENOS AIRES 1999
SAGRADA CONGREGACION PARA LOS RELIGIOSOS
Y LOS INSTITUTOS SEGLARES
Prot. n. P. 72 - 1/80
DECRETO
En
conformidad con las normas del Concilio Vaticano Segundo y las demás disposiciones
de
Esta
Sagrada Congregación para los Religiosos y los Institutos seculares, después de
haber confiado el texto al estudio de los Consultores, esperado el parecer
favorable del Congreso, que se llevó a cabo el día 11 del pasado mes de
setiembre, con el presente Decreto lo aprueba y confirma con las modificaciones
establecidas por el mismo Congreso, según el ejemplar redactado en lengua
italiana, que se conserva en su Archivo, observado cuanto por Derecho se debe
observar.
Roma, 4 de noviembre, fiesta de S. Carlos Borromeo, 1981.
E. Card. Pironio, Pref.
SAGRADA
CONGREGACION PARA LOS RELIGIOSOS
Y LOS INSTITUTOS SEGLARES
Prot. n. P. 72 - 1/86
D E C R
E T O
El Superior General de los Misioneros
de San Carlos (Scalabrinianos), en nombre del Capítulo General de su
Instituto, a fin de conformar al nuevo código de Derecho Canónico,
las Constituciones ya aprobadas por
Esta Congregación para los Religiosos
e Institutos seculares, después de haber examinado atentamente
tales reformas, las aprueba en virtud del presente Decreto, según el
ejemplar redactado en lengua italiana que se conserva en su Archivo
después que dicho Instituto haya tenido en cuenta las observaciones
señaladas.
Para el
resto obsérvese cuanto prescribe el Derecho común.
Roma, 10 de Marzo, 1987.
***
MISIONEROS DE SAN CARLOS (SCALABRINIANOS)
CASA GENERALICIA
Después de haber comparado la
traducción en lengua española de las Reglas de Vida con el texto original
italiano, modificadas por voluntad del Capítulo General 1986 y aprobadas
por
En caso de dudas de interpretación
se debe recurrir al texto original italiano aprobado por
Roma, 29/06/1987
P. Sisto Caccia, C. S.
SUPERIOR GENERAL
***
CONGREGACION PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA Y SOCIEDADES DE
VIDA APOSTOLICA
Vaticano, 29 de enero de 1999
Prot. n. P. 72 - 1/99
Reverendo
Padre,
Me
alegro de comunicarle que hemos examinado las modificaciones propuestas a las
Constituciones y al Directorio de su Instituto, presentadas por Ud. en nombre
del XI Capítulo General recientemente celebrado.
Esta
Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida
apostólica aprueba y confirma las modificaciones de los artículos de las
Constituciones y toma nota de las modificaciones del Directorio, según el texto
que se conserva en su Archivo.
Aprovecho de la circunstancia para confirmarle mi cordial
estima en el Señor.
Eduardo Card. Martínez Somalo
Prefecto
Piergiorgio
Silvano Nesti, C.P.
Secretario
_____________
Reverendo P. Luiigi Favero, cs
Superior
general de los Misioneros de San Carlos - Scalabrinianos
ROMA
PRIMERA PARTE
LEY FUNDAMENTAL
1.
Este plan fue revelado plenamente en Cristo, enviado
por el Padre «para llevar la buena noticia a los pobres»[2]
y para «congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos».[3]
Este plan se manifiesta todavía en los acontecimientos,
en las exigencias y en las aspiraciones de los hombres.[4]
El mundo, al que estamos llamados para anunciar el
misterio de la salvación, es el de los migrantes. Para cumplir nuestra
misión, compartimos con ellos su misma vida y vicisitud migratoria, a
la manera de Cristo que, por «su encarnación, se unió a las condiciones
sociales y culturales de los hombres con quienes convivió».[5]
Desarrollo histórico
de
2. Esta
es la misión que
El 28 de
noviembre de 1887, con la aprobación de León XIII, fundó nuestra Congregación
como «Instituto Apostólico» de misioneros, con el fin «de proveer
a la asistencia especialmente espiritual de los italianos emigrados,
sobre todo en las Américas»,[7]
y la puso bajo el patrocinio de San Carlos, «ejemplo de todas aquellas
virtudes que conforman al verdadero apóstol de Jesucristo».[8]
Veía en
esta obra «un medio eficaz para cumplir sus deberes episcopales hacia
tantos infelices»,[9]
incluso más allá de los confines de su propia diócesis. De este modo
pensó en los emigrados italianos, unidos a él no sólo con los vínculos
de la fe, sino también con los de la patria, tanto más cuanto que ellos
venían a ser los más pobres, más marginados y abandonados, y menos
protegidos.[10]
Esta pobreza
material y espiritual fue decisiva en la visión que tuvo de los migrantes,
en la mayor parte de los casos «víctimas fáciles de especulaciones
inhumanas» y odiosas discriminaciones, pero siempre, aun en los casos
más afortunados, expuestos «a olvidar toda noción sobrenatural»,[11]
«en un aislamiento que es con frecuencia la muerte del cuerpo y del alma».[12]
3. También
en este terreno obedecía al mandato apostólico de llevar el mensaje
evangélico a los más pobres y lejanos: mandato que animó toda su acción
y originó aquellos aspectos más característicos de su acción pastoral,
en los que descubrimos las fuentes de nuestro espíritu misionero.
Promovió,
en efecto, la obra en favor de los sordomudos, para comunicar la palabra
de Dios a las criaturas más abandonadas. Se hizo apóstol del catecismo,
como instrumento fundamental para difundir en todos los corazones
la fe. Se preocupó de las mondadoras de arrozales y, sobre todo, de
la naciente clase obrera, que se estaba organizando al margen de y
contra
Esta sensibilidad
apostólica encontró sus más elevadas vibraciones, cuando se volvió
a los migrantes.
Para ellos,
con la ayuda de sus misioneros y de laicos de buena voluntad, ideó
un plan de acción, que respondiera a sus exigencias humanas y sociales
y los condujera, a través de su suerte de migrantes, aunque causada
por injusticias o desequilibrios demográficos y estigmatizada
por sufrimientos y opresiones, a contribuir a la solidaridad de todos
los hombres, al progreso social y, sobre todo, a la difusión de la fe y
a la unificación de la familia humana en Cristo.[13]
Esta visión
global lo llevó a interesarse por todos los migrantes, aun de otras
nacionalidades, y se concretó, como en un testamento espiritual,
en el proyecto de instituir en
4. Fiel
a las directivas apostólicas del Fundador, nuestra Congregación
trabajó durante decenios en las dos Américas y contribuyó eficazmente
a la evolución positiva del fenómeno migratorio.
Después
fue llamada a recoger parcialmente la herencia de la obra con la que
el obispo Geremia Bonomelli, compartiendo el espíritu apostólico
de nuestro Fundador, había provisto a la asistencia de los migrantes
en Europa. Extendió además su misión a otros países, donde la ayuda
a las migraciones se presentaba con aspectos de necesidad y urgencia.
Solicitada
después por exigencias pastorales apremiantes, consciente de corresponder
al espíritu del Fundador, ha comenzado a trabajar entre migraciones
de diversas nacionalidades y migraciones internas, así como en favor
de la gente del mar. Vino así a enriquecerse con nuevas experiencias
y un pluralismo vivificante de opciones.
El mundo de la emigración
presenta una gran variedad de situaciones: algunos grupos de migrantes
conservan y desarrollan las riquezas humanas y cristianas de su patrimonio
de origen, convirtiéndose en factor de progreso y enriquecimiento
para la sociedad civil y eclesial; otros viven aún la suerte de la migración
en los aspectos más dolorosos y discriminatorios; aun aquellos que
han alcanzado una posición económica satisfactoria, permanecen
con frecuencia en una pobreza de derechos, de reconocimientos, de
capacidad de comunicación y sobre todo en una pobreza de fe y de religiosidad
más lamentable que la misma pobreza económica.
En tal variedad
de situaciones, permanecemos fieles a nuestro fin específico y redescubrimos
continuamente nuestro carisma, poniéndonos al servicio de cuantos
presentan condiciones, exigencias y aspiraciones análogas a las
que movieron al Fundador a instituir
Teniendo
por tanto presente la voluntad de
Nuestra pastoral
6. Conscientes
de que el Reino de Dios se expresa a través de las realidades humanas
y en ellas se construye, sabemos percibir los valores que caracterizan
la vida de los migrantes y constituyen un aporte propio de ellos a
la solidaridad de todos los pueblos y a la fraternidad universal:
las aspiraciones a la dignidad, a la participación, a la justicia y
a la salvación integral. Al mismo tiempo, tenemos muy en cuenta el patrimonio
espiritual de pensamientos, tradiciones, cultura y religión, que
los migrantes traen consigo de sus lugares de origen, como también
el patrimonio de valores del nuevo ambiente, en el que vienen a morar.
Para comprender tales valores
y orientarlos a la construcción del Reino de Dios, y responder al mismo
tiempo a las exigencias de
A nivel operativo,
7. La misma
finalidad apostólica de nuestra misión nos empuja a promover la salvación
integral del hombre. Por ello damos a los migrantes, además de la asistencia
espiritual, nuestra ayuda humana, social y cultural; denunciamos
las causas de los males que los afligen y luchamos por eliminarlas y
por promover su comunión y participación en la comunidad que los acoge.
En esta tarea estimamos importante la colaboración con los laicos,
como desde el principio nos ha enseñado el Fundador.
Pero sobre todo nuestra
misión es la evangelización, que pretende conducir a los migrantes
al redescubrimiento de la fe en su vida. De aquí la preeminencia de
la catequesis, necesaria para una fe más profunda y personalizada,
y para una pastoral eficaz de los sacramentos.
8. La multiplicidad
de las situaciones concretas que debemos afrontar se traduce en un
pluralismo de métodos pastorales, que han de definirse en las diversas
Provincias y regiones. Al mismo tiempo
Nuestra pastoral se inserta
en la de
La comunidad scalabriniana
9. Quiso
el Fundador que fuéramos una comunidad apostólica y precisamente
una congregación religiosa, para garantizar la eficacia de nuestra
entrega al servicio de los migrantes y la estabilidad del Instituto.
En efecto, la misión que hemos recibido de
10. Nuestras
comunidades tienen un sentido eminentemente apostólico, pues en
la unidad de los hermanos anuncian la venida del Señor y son fuente
de gran energía para el apostolado.[14]
A través de su acción y su
presencia misma contribuyen a transformar las relaciones entre los
hombres en el mundo de la migración, aportando así una contribución
propia al nacimiento de una nueva humanidad.
Ellas asumen un rostro
conforme con la naturaleza religioso-apostólica de
Como
Abrazando todas las realidades,
en las que está inmersa nuestra vida y la de los migrantes, ofrece a
Dios, junto con los nuestros, los sufrimientos de ellos, sus aspiraciones
y realizaciones en unión con el sacrificio redentor de Cristo: así
tiende a convertirse en la oración de un pueblo que «mientras peregrina
en esta tierra lejos del Señor, se considera como en destierro, buscando
y saboreando las cosas de arriba».[15]
Los votos religiosos
11. Con los
votos religiosos hacemos una opción evangélica para vivir plenamente
como Cristo vivió. Al despegarnos de los bienes terrenos, los votos
nos hacen disponibles para nuestra misión y nos permiten contactos humanos
más profundos, en los que la pobreza se revela como riqueza, la castidad
se transforma en fecundidad espiritual y la obediencia se convierte
en servicio a los hermanos en el amor de Cristo.
12. El Fundador
desde los comienzos dio particular importancia a la profesión de pobreza
para nuestra vida apostólica entre los migrantes. Muchos de ellos
viven en situación de pobreza, de inseguridad y de explotación; muchos
quedan presos del afán del dinero, aún a menoscabo de la solidaridad
con sus semejantes. La pobreza evangélica, al hacernos conscientes
de pertenecer al Reino en el que toda suficiencia procede de Dios,[16]
nos hace sensibles al grito de los pobres y nos induce a la denuncia evangélica
de todos los que son esclavos del dinero o del poder: nos hace además
testigos de liberación frente al ansia de lucro, y restituye un sentido
humano y digno al trabajo.
La voluntad de hacer efectivo
nuestro testimonio de pobreza individual y comunitaria nos reclama
una continua conversión de mentalidad y de actitudes, y nos compromete
a poner en común los bienes, no sólo como signo de nuestra comunión espiritual,
sino también para servir a las necesidades de
En el uso de esos bienes
no nos inspiramos a conformarnos con las costumbres del ambiente en
el que vivimos, sino con el desprendimiento evangélico, que nos libera
de todo lo que puede impedir a los hermanos reconocer en nosotros el
espíritu de Cristo: «Muestren cada vez más que el celo de ustedes sólo
iguala al desinterés de ustedes».[17]
El testimonio de la pobreza
se muestra también en la administración de los bienes temporales. Ella
pide fidelidad y escrupulosidad, asegura dentro de
13. Por la
castidad consagrada dirigimos a Dios y a los hermanos todas las fuerzas
del amor del que seamos capaces. Con ella, transformados en una misteriosa
semejanza con Cristo, ofrecemos a los hermanos un preanuncio de la futura
resurrección.
Para nosotros, misioneros
de la migración, la castidad adquiere también un valor particular:
nos hace totalmente disponibles para los migrantes, sobre todo para
los más abandonados y los más heridos en su anhelo de fraternidad y
comunicación, y se convierte en signo para aquéllos que viven el ideal
cristiano de un amor casto y fiel incluso en condiciones de soledad
y separación.
14. Por la
profesión de obediencia ofrecemos a Dios totalmente nuestra voluntad,
para unirnos de manera más firme y segura a su voluntad salvífica,[18] y,
en espíritu de fe, bajo la guía de los superiores, nos ponemos al servicio
de los hermanos migrantes. Haciendo nuestro el espíritu del Fundador,
consideramos la obediencia al Papa, incluso en fuerza del voto, y a
los Obispos como condición indispensable para vivir en unión con
Cristo y los hermanos.
Para conocer la voluntad
de Dios sobre nuestra vida y acción misionera, nos ponemos en actitud
de búsqueda común, a la luz de
De este modo autoridad
y libertad individual se ponen igualmente al servicio de la misión,
con espíritu de diálogo confiado y de corresponsabilidad, a ejemplo
del Fundador, «devoto sin medida y sin medida libre».[20]
El gobierno de
15. A este
espíritu conforma
Unidad y pluralismo se
ven favorecidos por la adopción de los criterios de colegialidad y
de subsidiariedad, como también por una intensa comunicación entre
los diversos organismos.
Célula vital de
Formación scalabriniana
16. Nuestra
formación traduce en vida las líneas fundamentales de la misión y
naturaleza de
Llamado al servicio de
los migrantes de las más diversas procedencias, adopta un espíritu
de plena disponibilidad y adaptabilidad a sus exigencias, y cultiva
una mentalidad universalista. Completa su formación con una preparación
sicológica, técnica y sobre todo pastoral, fundada sobre el conocimiento
y la experiencia práctica de la realidad humana, social y religiosa
de las migraciones.
17. Los jóvenes
religiosos animados por el ideal scalabriniano profundizan su vocación
en comunidades formativas que
Para satisfacer estas exigencias,
una vez puestas y verificadas las condiciones indispensables en el
plano educativo y sicológico,
Continuidad de
18. El amor
a
La vida y el desarrollo
de
Para una lectura de fe
de las migraciones
19. Mons.
Scalabrini vio en los migrantes la imagen de Cristo[23]
y, en su suerte, un desafío a la fe y al amor de los creyentes, particularmente
de los misioneros, apremiados a reparar los males de las migraciones,
tanto en las causas como en sus efectos, y a descubrir el designio de
Dios actuando en todas las migraciones, aún en las causadas por injusticias.
Las migraciones, al acercar
a los múltiples elementos de la familia humana, tienden a la construcción
de un cuerpo social cada vez más amplio y variado, prolongación y extensión
de aquel encuentro de pueblos y de razas que, enriquecido con el don
del Espíritu Santo en Pentecostés, quedó transformado en la fraternidad
de
Si por una parte los sufrimientos
que acompañan las migraciones son expresión del dolor del parto en
que nace y se renueva
Esta visión nos lleva a
relacionar las migraciones con aquellos acontecimientos bíblicos
que marcan las etapas de la fatigosa marcha de la humanidad hacia la
construcción de un pueblo sin discriminaciones ni fronteras, depositario
del don de Dios y abierto a la vocación eterna del hombre: la marcha de
los Patriarcas que, sostenida por la promesa, tiende hacia una patria
futura; la liberación de la esclavitud que a través del éxodo da origen
al pueblo de la alianza; el destierro que sitúa al hombre frente a la
relatividad de toda meta alcanzada; el mensaje universal de los
Profetas que denuncian como contrarias al plan de Dios las discriminaciones,
las opresiones, las deportaciones, las dispersiones y las persecuciones:
las cuales, sin embargo, se convierten en vehículo del mensaje de salvación
para todos los hombres y testimonian que, aun en la sucesión caótica
y contradictoria de los acontecimientos humanos, Dios sigue tejiendo
su plan de salvación hasta la unificación completa del universo en
Cristo.[24]
Herederos del espíritu
del Fundador y entregados a la misión que nos confió, nos sentimos estimulados
a captar la singular importancia que adquiere, en la suerte de los emigrantes,
la invitación dirigida a todos a considerarse extranjeros y peregrinos
en la tierra, a la manera de los Patriarcas.
La marcha de los migrantes
se convierte así en signo de la vocación eterna, impulso continuo
hacia aquella esperanza que, al señalar un futuro más allá del mundo
presente, nos invita a transformarlo y superarlo. Sus características
son una llamada a la fraternidad pentecostal, donde las diferencias
se armonizan por el Espíritu y la caridad se hace auténtica en la aceptación
del «otro». Su suerte es anuncio del misterio pascual, por el cual
muerte y resurrección tienden a la creación de la humanidad nueva, en la que ya
no hay esclavo ni extranjero.[25]
Su presencia misma es símbolo
de un pueblo nuevo, para el que toda tierra extranjera es patria y toda
patria es tierra extranjera.[26]
SEGUNDA
PARTE
CONSTITUCIONES
Y DIRECTORIO GENERAL
CAPITULO
PRIMERO
NATURALEZA
Y MISION
N. B. Los artículos impresos en redondo son
normas constitucionales; los artículos en bastardilla son
normas del Directorio General.
20.
21.
En la diversidad de ministerios
y de funciones ellos realizan la misma misión.
Todos los miembros tienen
los mismos derechos y deberes, según las disposiciones de
22. Realizamos
nuestra misión anunciando el mensaje evangélico y dando testimonio
de él en la consagración religiosa. Esta, mientras nos une a «Cristo,
que, virgen y pobre, redimió y santificó a los hombres con su obediencia»,[27]
hace más eficaz nuestra palabra y totalmente disponible nuestra vida
para el servicio de Dios y de los hermanos migrantes.
23. Desarrollamos
nuestra misión, ante todo, entre aquéllos que, por cualquier motivo,
se encuentran viviendo fuera de la patria o de la propia comunidad étnica
y precisan por verdadera necesidad de un cuidado pastoral específico;
además, entre quienes, a causa de las migraciones internas, llegan a
vivir en situaciones análogas por diferencias étnicas y socio-culturales;
finalmente, entre los marinos.
24. En nuestro
apostolado específico damos primacía a la evangelización y en
particular a la catequesis, y trabajamos para congregar a los migrantes
en comunidades de fe, de caridad y de culto, ordenando su vida cristiana
hacia la eucaristía.
25. Para
que el hecho migratorio pueda originar un enriquecimiento recíproco
humano y cristiano, nuestra misión se dirige, además de a las comunidades
de llegada, también a las de partida de los migrantes.
26.
27. También
se propone sensibilizar a
28. Para
desarrollar mejor su servicio a los migrantes,
29. Para
estudiar y profundizar el fenómeno migratorio y los problemas conexos,
30. Nos comprometemos
a poner continuamente al día nuestra acción pastoral, para adecuarla
a las exigencias cambiantes del fenómeno migratorio y asegurar su
fidelidad a la opción preferencial por los migrantes más necesitados
y, entre ellos, por aquéllos que ofrecen ocasiones más favorables a
la dilatación del Reino de Dios.
Para verificar y poner
continuamente al día los métodos pastorales, los misioneros reflexionan
su propia presencia y acción dentro de las comunidades de migrantes.
Capten, junto con ellos, toda realidad humana, social y religiosa,
de modo que el trabajo apostólico responda a su mentalidad, cultura
y aspiraciones.
Tal reflexión cúmplase
por la comunidad local en colaboración con la comunidad provincial
y con los particulares organismos de estudio e investigación.
31. Nuestra
presencia en un lugar u obra se prolonga hasta que lo pida nuestra finalidad
específica. Tareas o posiciones apostólicas, que no quepan directamente
en nuestro fin específico, podrán ser excepcionalmente continuadas
o admitidas a juicio de las Direcciones provinciales con la aprobación
de
32. Según
la voluntad y en el espíritu del Fundador, los misioneros ejercitan
su apostolado en estrecha unión con el Papa y los Obispos, sucesores
de los Apóstoles.
33.
Será promovida con acuerdos
y formas apropiadas la colaboración, a nivel operativo, con
35. Los sacerdotes
y religiosos, que deseen colaborar con los misioneros scalabrinianos
por un período no inferior a un año y respetar sus condiciones y estilo
de vida, serán aceptados en nuestras comunidades, en base a acuerdos escritos entre el solicitante
y el Superior de
36. Para los laicos que pretenden dedicarse al
apostolado entre los migrantes,
37.
CAPITULO
SEGUNDO
A. La comunidad scalabriniana
38. Llamados
por Dios a la santidad en virtud del bautismo, tendemos a la perfección
de la caridad para con Dios y el prójimo, viviendo nuestra vocación
misionera en comunidad de vida y en la práctica de los consejos
evangélicos, mediante los votos simples de pobreza, castidad y obediencia.
En la comunión íntima con Cristo y con los hermanos, podremos alcanzar
una madurez personal, humana y cristiana más completa, y una acción
apostólica más eficaz.
39. Nuestra
vida comunitaria está al servicio de la misión apostólica con los
migrantes. Será tanto más vital y fecunda, cuanto mejor sepa percibir
en sí misma y en el mundo de los migrantes la presencia de Dios y apropiarse
de los valores que ahí fermentan.
40. Eligiendo
la forma de vida que el Hijo de Dios, en obediencia a su Padre, abrazó
al efectuar la salvación del mundo en perfecta armonía de contemplación
y de acción, unimos la acción apostólica al diálogo continuo con
Dios en la búsqueda de su voluntad, dóciles al Espíritu Santo.
41. Sintiéndose
cada uno responsable de la oración de todos, y todos de la de cada uno,
cultivamos con constancia el espíritu de oración en la vida comunitaria
y personal. Para alimentarlo y expresarlo, dedicamos un tiempo adecuado
a la oración, que «es la parte más viva, más fuerte, más poderosa del apostolado».[28]
42. Como
las comunidades apostólicas, que expresaban su comunión perseverando
en la oración y en la fracción del Pan, vemos en
43. Nuestra vida en Cristo, a imitación y en el
espíritu del Fundador, se alimenta especialmente a través de la escucha de
44. § 1 Son
compromisos cotidianos de oración de cada religioso: la celebración o la
participación a
Son compromisos periódicos
los ejercicios espirituales anuales y los tiempos de retiro.
§ 2 - El Superior competente
que da el permiso para predicar a los religiosos, es respectivamente
el Superior General o el Superior Provincial o el Superior local, según
que se trate de religiosos convocados por el Superior General o Provincial
o local.
45. Es compromiso de cada comunidad al menos un
encuentro cotidiano de oración.
46. El compromiso
de llevar la cruz en el seguimiento de Cristo, transformando nuestros
sentimientos y conducta, nos capacita para participar más íntimamente
en el misterio pascual y para solidarizarnos con las tribulaciones
de los migrantes. Tal compromiso exige una actitud penitencial,
que se expresa en la participación frecuente del sacramento de la reconciliación;
exige además asumir los sufrimientos y las privaciones propios de
la vida religiosa y misionera y elegir formas penitenciales, personales
y comunitarias, que respondan a los hombres de hoy.
47. La vida
comunitaria debe construirse continuamente en la fe y el amor, que
se concreta en la donación de sí a los hermanos. En la comunidad los
hermanos «tendrán cuidado de conservar siempre y en todo lugar la unión
más estrecha… tratándose mutuamente con espíritu abierto y afecto
sincero»[30],
en el respeto y aceptación recíproca, en un clima de caridad y de
confianza que haga posible el perdón mutuo y la corrección fraterna.
48. Consideramos
miembros privilegiados de nuestra familia a los hermanos que, por las
pruebas morales y los sufrimientos físicos, están más directamente
asociados a los padecimientos de Cristo y continúan así su obra de
apostolado y de testimonio en
49.
50. Todos
los miembros, en sus diversos oficios, se sienten responsables de la
vida de la comunidad: unidos entre sí y con el superior buscan la voluntad
de Dios y son fieles a ella, conscientes de que, desarrollando su trabajo,
obedecen a un mandato eclesial, ejercido en nombre de
51. La vida comunitaria es testimonio de caridad y de
unidad, garantiza el sostén recíproco y es el camino más eficaz para afrontar
las numerosas y complejas exigencias de nuestra misión. Para favorecer la vida
comunitaria se reservarán para los religiosos algunas partes de la casa.
52. Los religiosos, al reconocerse partícipes de la misma vocación, forman una comunidad unida por el amor de Cristo y por el compromiso común de responder a las exigencias de la misión y se aceptan fraternalmente. En