UN MENSAJE POR EL CENTENARIO
de la muerte del
Beato JUAN BAUTISTA SCALABRINI
1905 – 2005
Rey del Universo
Queridos:
El año 2005 es un año de gracia y de gran significado para
Celebramos
el primer centenario de la muerte del Beato Juan Bautista Scalabrini, nacido en
Fino Mornasco (Como) el 8 de julio de 1839 y fallecido en Piacenza el 1 de
junio de 1905. Plenos de gratitud a Dios, deseamos comunicarles el gozo de este
aniversario y del carisma que el Espíritu donó a
El
Beato J. B. Scalabrini, Obispo de Piacenza desde 1876 hasta 1905, año de su
muerte, ha sido proclamado por
Siendo un obispo misionero, se preocupa
de la suerte de muchos compatriotas, que no pueden elegir otra cosa sino
emigrar. Defiende el derecho de emigrar, no de hacer emigrar, defiende a los
emigrantes, a menudo víctimas de los “traficantes de carne humana”. Recorre
Italia para denunciar las causas de la emigración, para sensibilizar la
sociedad y
Siendo
hombre de fe, él busca también en las migraciones las señales del proyecto de
Dios. Según su visión providencial, el mundo atormentado de las migraciones es
el mundo hacia el cual se dirige el amor del Padre, el mundo en el que el
Padre, por la fuerza unificadora del Espíritu, sigue construyendo relaciones de
solidaridad, de justicia y de paz. Todo esto tiende a “formar de todos los
pueblos un solo pueblo, de todas las familias una sola familia”. Este era el
sueño de Scalabrini.
Después de visitar a los emigrados
italianos en Estados Unidos (1901) y en Brasil (1904), Scalabrini se da cuenta
que
Como
hijos e hijas de Scalabrini, nos hacemos migrantes con los migrantes, para
compartir con ellos el camino de la esperanza, de la solidaridad, de la
comunión. Somos conscientes que nuestro carisma nos coloca en el centro de la
misión, en el corazón mismo de la espiritualidad de comunión de
El 25 de julio de 1961, 56 años después de la muerte
del beato J. B. Scalabrini, siguiendo las huellas de su espiritualidad, inició
en Solothurn (Suiza) el camino del Instituto Secular de las Misioneras
Seculares Scalabrinianas. Nacido en el momento más intenso de las
migraciones, en un contexto scalabriniano, el nuevo carisma de la secularidad
consagrada en
Cada uno de nuestros Institutos brinda su aporte
específico. Pero a todos nos une la pasión por los migrantes y los refugiados,
a todos nos unifica el sueño de una nueva sociedad en la que se vuelven más
amplios los espacios de pertenencia y participación, y se eliminan los de
exclusión, hasta hacer “patria del hombre el mundo”. A todos nos une
el servicio por el Reino, que obra en la historia y en el mundo de los migrantes.
En
esta época de globalización, las migraciones ya no son una realidad de
coyuntura, limitada y restringida, sino un fenómeno amplio, estable y
estructural. El fenómeno se ha dilatado dramáticamente en los últimos decenios
y las dinámicas migratorias se presentan con ímpetu en todo el planeta.
|
Según el último censo ONU, los migrantes
en el mundo son 175 millones y 119 mil, con una repercusión del 2,9% en la
población mundial (6 billones y 67 millones). Dicho valor se ha redoblado con
respecto a la mitad de los años setenta.. Se calcula que, con referencia al último
quinquenio, el flujo anual de los migrantes hacia regiones más desarrolladas,
es de 2,3 millones de unidades. A los migrantes se añaden también los
refugiados cuyo número en el mundo es de 16 millones, la mayoría de los
cuales se encuentra en Asia (9 millones) y en África (4 millones). También el
número de personas obligadas a dejar sus casas y zonas de residencia, pero
sin salir de los confines nacionales – “desplazados” -, ha aumentado y se
calcula que la cifra de los prófugos dentro del propio país es de cerca de 50
millones. Considerando las grandes áreas, en Europa
viven 56 millones de inmigrados, 50 millones en Asia, 14 millones en América
del Norte, 16 millones en África, 6 millones en América Central y del Sur, 6
millones en Oceanía. |
Por
razones demográficas, económicas y sociales, las migraciones están destinadas a
crecer: en un mundo cada vez más globalizado, en el que el movimiento de las
personas forma parte de la vida de cada uno, el objetivo final no es
obstaculizar la movilidad sino administrarla mejor para el interés de todos.
Lamentablemente, en lo que concierne a la posición de los gobiernos, en tema de
inmigración, actualmente en casi el 40% de los países del mundo se adoptan
medidas restrictivas para controlar las fronteras y poder contar con
expulsiones fáciles.
Los
migrantes, además, son una categoría sumamente vulnerable, sujetos a abusos y a
explotación: baste pensar en el fenómeno de la “trata”, que no ahorra ni a
mujeres ni a niños, y a la industria relacionada con la introducción
clandestina de los migrantes. Por estos motivos,
Asimismo,
en lo que se refiere a los acontecimientos internacionales, no podemos dejar de
recordar el efecto del 11 de setiembre de 2001. Después del ataque a las
torres, se extiende el temor al terrorismo, de modo que gobiernos y partidos
políticos están emanando leyes cada vez más restrictivas para controlar las
fronteras y mantener el orden y la seguridad. En la opinión pública, y no
solamente en ella, la inmigración a menudo está vinculada a la criminalidad y
al terrorismo.
Esta
situación ha determinado, también de parte de las instituciones, una mayor
conciencia de que las migraciones requieren ser gobernadas en perspectiva
supranacional, con una aproximación multilateral, en todos los ámbitos, y no
sólo en lo que se refiere a la seguridad. Esto porque las migraciones son el
reflejo de un desequilibrio mundial más profundo, que origina los éxodos
humanos. Se trata de un sistema perverso que mantiene áreas de subdesarrollo y,
por lo tanto, obliga a las personas a moverse hacia economías más
desarrolladas. “El fenómeno migratorio plantea una verdadera y real cuestión
ética, la búsqueda de un nuevo orden económico internacional para una
distribución más equitativa de los bienes de la tierra, lo que contribuiría
bastante a reducir y moderar los flujos de una numerosa parte de las
poblaciones en dificultad”[3].
Las migraciones,
reto y recurso para la sociedad y
|
“Emigran las semillas en las
alas de los vientos, emigran las plantas de un continente a otro llevadas por
las corrientes de las aguas, emigran las aves y los animales, y, más que
todos, emigra el hombre, en forma colectiva o individual, pero siempre
instrumento de |
Nadie
puede ignorar que nuestras sociedades se están transformando,
irreversiblemente, en sociedades multiétnicas, multiculturales y
plurireligiosas. Esta realidad, protagonizada sobre todo por las migraciones,
constituye un reto y un recurso para la convivencia social, así como para la
nueva evangelización y la misión de
El
Papa Juan Pablo II ha captado claramente su significado para
Como ha subrayado el Papa en el último mensaje con
ocasión de
Anticipando los tiempos,
Scalabrini sembró la esperanza entre los “hijos de la miseria y del trabajo”,
viendo en los migrantes a los posibles testigos de la comunión fruto de
Pentecostés, donde las diferencias se armonizan mediante el Espíritu y la
caridad se hace auténtica en la aceptación del otro.
Replantear el futuro partiendo del extranjero
El siglo recientemente iniciado ha sido definido el
siglo del extranjero por excelencia. Hay extranjeros que están obligados a
dejar sus tierras y los grupos a los que pertenecen debido a persecuciones o
selecciones étnicas. Hay extranjeros que abandonan sus tierras por la miseria y
el hambre, en búsqueda desesperada de pan para sobrevivir. Estos – los pobres,
los hambrientos y los desgraciados del llamado tercer o cuarto mundo, privados
de lo mínimo indispensable – son los extranjeros por excelencia del siglo XXI.
Llegarán a las ciudades de la opulencia de nuestro Occidente gritando su
desesperación y el derecho de compartir su bienestar. Además de la presencia
del extranjero prófugo o hambriento, el siglo recientemente iniciado se
caracterizará también por la figura del yo extranjero para consigo mismo. Se
trata de aquel sentimiento de ajenidad por el que la persona se percibe a sí
misma como extranjera dentro de la propia cultura de pertenencia, frente a la
cual desea afirmar su alteridad y trascendencia.
Tiempo del extranjero por excelencia, de quien
permanece extraño a lo que le está cerca (tenga esta cercanía el rostro de la
lengua ignorada, de la tierra desconocida, de los bienes que faltan o de la
identidad quebrantada), el siglo recientemente iniciado tiene urgencia de un nuevo pensamiento.
También es un tiempo oportuno y necesario, favorable y urgente, para replantear
la relación con el extranjero descubriendo en él ya no más una dimensión de
amenaza, como históricamente ha tenido lugar, sino más bien de sacralidad como
ha ocurrido ocasionalmente. Volver a pensar: es decir instituir un pensar
partiendo del extranjero, donde el ser extraño, es decir de fuera, no es una amenaza
que se debe rechazar sino una palabra por acoger y que, una vez acogida,
instituye una nueva ética y un nuevo pensamiento en cuyo centro se eleva no el
yo, con sus pedidos de satisfacciones y de derechos, sino el otro, con su
rostro en el que se refleja una luz que viene de otra parte.
P. Isaia
Birollo, CS
Superior general Misioneros de San Carlos, Scalabrinianos |
Sor Maria
do Rosario Onzi, MSCS
Superiora general Hermanas Misioneras de San Carlos, Scalabrinianas |
Adelia
Firetti, MSS
Responsable general Misioneras Seculares Scalabrinianas |