TRADITIO SCALABRINIANA Un esquema a ser desarrollado
1. El horizonte
Actualidad migratoria
Las migraciones políticas, económicas y religiosas de algunas personas como de enteras comunidades no son un fenómeno marginal que exija respuestas de emergencia, sin oque se ha convertido en un fenómeno estructural que implica directamente a todas las naciones e incide profundamente en la vida social, cultural, religiosa y económica tanto del país de origen como del país que acoge.
La migración: responsabilidad de todos en la Iglesia y en la sociedad
Delante de este desafío toda la Iglesia, fiel a la misión de evangelización, y los países de origen y de acogida, son responsables directas de una nueva convivencia en la cual se garantice el total respeto de los derechos fundamentales de las personas, sea facilitado un proceso de aceptación recíproca y crecimiento en la convivencia entre los migrantes y la población local, sea promovido un desarrollo que cree una autentica solidaridad que no obligue a nadie a buscar otras razones de supervivencia.
Necesidad de un proprium
Solo una espiritualidad específica, como vida que deje espacio a la acción del Espíritu Santo en lo concreto del contexto cotidiano, puede revestir de profecía nuestra presencia en la iglesia y en el mundo, y ofrecer vitalidad a nuestra misión con y por los migrantes en las iglesias locales. Aquello que es genérico, de hecho, no puede ser un dono para los demás.
2. Espiritualidad misionera scalabriniana
El sentido de una herencia y su desarrollo en el tiempo
El don del Espíritu dado a Scalabrini continua vivo en cuantos el Señor llama a ser partícipes de este carisma. La fidelidad creativa a este don ha llevado al desarrollo de una espiritualidad que funda sus raíces en Scalabrini y en el carisma que el Señor ha dado a la Iglesia y al mundo de la movilidad, a través de él. Hoy en día, son muchos aquellos que, confrontados con la realidad migratoria, encuentran en la espiritualidad Scalabriniana un tesoro a ser descubierto para vivir en plenitud la vida cristiana.
La pluralidad de sus formas
Este tesoro común fue confiado a historias diversas según los tiempos, personas, vocaciones y modalidades: es decir, constituye una riqueza a ser acogida y valorizada exactamente como un laboratorio de las diversidades.
Traditio Scalabriniana: un instrumento que camina con nosotros
Nos proponemos a escudriñar y delinear aquellos rasgos esenciales que caracterizan nuestro modo de vivir la fe, la vocación y la misión en la Iglesia y en la sociedad, que dan unidad y valorizan las diversidades presentes en la familia Scalabriniana y que ofrecen motivaciones a cuantos, por diversos motivos, están involucrados en el fenómeno migratorio y están comprometidos en hacer posible la convivencia entre los pueblos.
La espiritualidad scalabriniana, cuyos principios fundamentales están contenidos en los respectivos textos constitucionales que la Iglesia ha aprobado, requiere ser encarnada en el contexto donde hemos sido enviados y continuamente encontramos nuevas inspiraciones para el conocimiento más profundo del Fundador e inspirador, – el obispo Juan Battista Scalabrini – , del carisma recibido, de la lectura sapiencial de la realidad migratoria y del testimonio recíproco.
3. En las fuentes del tesoro común: la centralidad de Jesucristo, “escalera” entre el cielo y la tierra, en la vida de Juan Bautista Scalabrini
La pasión por Jesucristo es el secreto de la vida y de la acción de Juan Bautista Scalabrini. Enamorado de la Eucaristía, él contempla continuamente el Hijo de Dios que se hace hombre para revelar el amor del Padre y para reconducir nuevamente a él, la humanidad redimida. En Jesucristo, muerto y resucitado, Juan Bautista Scalabrini ve reconciliarse todo contraste y diversidad. Su corazón entra en sintonía con el corazón de Cristo, obediente en todo al Padre y a su proyecto en favor de toda la familia humana. Como parte viva de la Iglesia, cuerpo de Cristo y extensión de la Encarnación, Scalabrini se hace todo para todos, para servir al mundo según el proyecto del Padre.
4. Un camino en Jesucristo hacia la plenitud de la comunión trinitaria
El consumación definitiva del encuentro entre Dios y la humanidad, realizada en Jesucristo, hombre universal, nos mueve a caminar como Iglesia peregrina entre los hombres y las mujeres de la sociedad multicultural de hoy, y a anunciarles el misterio de la comunión trinitaria, por lo cual el diálogo entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se presenta a nosotros como posibilidad y modelo de toda relación. La acogida, la itinerancia y la comunión en la diversidad son, en este camino, la modalidad específica que la Iglesia nos convoca a testimoniar. La Eucaristía, es el alimento de cada paso, el fermento de transformación, el anticipo del futuro de Dios.
Acogida: para participar del proyecto de amor del Padre
Abraham en el encinar de Mamre (Gn 18, 1-10); El buen samaritano (Lc 10, 30-37); “Ya no sois mas extranjeros” (Ef 2,19); Hospitalidad (1Pt 4, 8-10); La cananea (Mc 7, 24-30).
Difundiendo estima por la persona del migrante, participamos del proyecto divino de manera que, la tierra se transforme en un lugar de fraternidad, de solidaridad, de comunión y gratuidad, anticipo de aquel banquete del Reino, donde nadie es excluido y todos son llamados por el Padre por el propio nombre.
Itinerancia: para traducir en la vida el misterio pascual del Hijo
“Sal de tu tierra” (Gn 18, 1-10); Éxodo (Ex 13, 18.20-22); El extranjero (Lv 19,33-34); “Camina humildemente...” (Mic 6,8); Encarnación (Jn 1,11-14); Fuga a Egipto (Mt 2,13-14); Jesús extranjero (Mt 24,31-46); Emaus (Lc 24, 13-35); Kenosis (Flp 2,6-11).
Maria, Madre del camino y de la esperanza, nos mueve a emprender siempre nuevos caminos, siempre en dirección hacia el otro – hermano/hermana en la comunidad, el migrante, cada persona – para para juntos abrirnos al encuentro con el Hijo, migrante y misionero del Padre, muerto y resucitado por todos. Tal actitud, comporta disponibilidad al sacrificio de si, en la experiencia del éxodo pascual, hecha posible por el don del Espíritu Santo.
Comunión en la diversidad: para acoger la nueva creación del Espíritu
Babel (Gn 11,1-9); La reunión de todos los pueblos (Is 66, 18b-20); Pentecostés (He 2, 1-12); Un solo cuerpo, muchos miembros (Ro 12, 4-5); La comunidad primitiva (He 15, 6-21); Jerusalén, ciudad de las puertas abiertas (Ap. 7, 9;21,25).
Nuestra impotencia e incapacidad ante los proyectos de superación de las diferencias y de las injustas legislaciones, nos hacen invocar el Espíritu creador del Pentecostés. La tentación es siempre aquella de detenerse, mientras que el Espíritu nos invita al paso continuo de la comunión a la diversidad y de la diversidad a la comunión.
5. Los frutos de la espiritualidad misionera scalabriniana
Cada paso en la espiritualidad Scalabriniana, que es para nosotros el camino concreto de la santidad, porta frutos allí donde estamos y laboramos.
Valorización de la diversidad en las relaciones interpersonales, eclesiales y sociales.
Sea individual como comunitariamente, invitamos todos aquellos que encontramos hacia un camino de comunión, la cual supera toda tentación de uniformidad y transforma la afirmación de la propia identidad en una celebración de la diversidad como Don.
Catolicidad y comunión con las Iglesias locales
La vida de Scalabrini, transformada por la Eucaristía, nos muestra a través de los hechos concretos, el rostro de una Iglesia que es casa de comunión, donde la diferencia no es dejada en el umbral de la puerta, obligándolas a uniformarse. La persona de Jesús, hijo de Dios e hijo del hombre, auténtico vestigium Trinitatis, es de hecho, el único criterio que salva y mantiene viva la tensión fecunda entre la unidad y la diversidad en la Iglesia.
Los migrantes como don
Con los migrantes, constructores ocultos y providenciales de la fraternidad universal desde el interno del mismo drama de la emigración, casi siempre fruto de las injusticias y del cerrazón, esperamos cielos nuevos y tierras nuevas. Su presencia, cuando acogida y valorada puede transformarse en una riqueza para todos. En particular, esa presencia, significa para la Iglesia profecía y “sacramento de catolicidad”, recordándole su vocación universal.
Alteridad y proximidad en las relaciones
Enviados para anunciar el amor universal del Padre y para servir, nuestro peregrinar comporta una constante emigración de nosotros mismos hacia el otro para compartir con él el pan de nuestra vida de bautizados y consagrados, para lavar humildemente los pies del viandante, para perfumar el huésped inesperado con nardo precioso, para detenernos y mirar con ojos de amor a los peregrinos heridos u ofendidos en su dignidad, curándolos con la ternura y con la determinación de Jesús, el buen samaritano.
6. Conclusión
El primer lugar donde se vive la espiritualidad misionera scalabriniana es la propia comunidad. La diferencia entre el ideal que nos é dado y la realidad cotidiana se comprende como un laboratorio en el cual es posible crecer juntos. En Jesús crucificado y resucitado, que es la Vida, cada paso de comunión es movido por la confianza en la promesa del Padre, y se transforma en profecía y anticipación del Reino.
Junio 2000 |