MENSAJE PASTORAL SOBRE LA REALIDAD MIGRATORIA ACTUAL
CON OCASIÓN DEL DÍA NACIONAL DEL MIGRANTE
A los
estimados sacerdotes, religiosas, religiosos,
catequistas y laicos.
Muy estimados hermanos y hermanas en el Señor de la vida y de la esperanza: A
todos les envío un fraterno saludo de paz y bien.
La
Iglesia celebra, el primero domingo de septiembre, el Día Nacional del
Migrante. Por ello aprovecho para enviarles este Mensaje Pastoral con algunas
reflexiones sobre el fenómeno migratorio - que así lo espero -
permita una mejor celebración en ese Día.
Una
de las preocupaciones pastorales es la constante movilidad humana. Parece que
es uno de los signos más evidentes de la cultura actual. El
fenómeno contiene dimensiones sociales y políticas,
pero también implica en la vida de la Pastoral Migratoria. Basta pensar que en
buena parte las grandes ciudades están conformadas por migraciones internas y
en no pocos casos las periferias de las mismas se conformen con migrantes del
campo a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida.
A lo
largo de la historia de la humanidad, los movimientos migratorios se
caracterizaron por la búsqueda de nuevas oportunidades de vida, aunque con
diferentes niveles de intensidad. En la actualidad, el número de personas que migran es mayor que nunca y sus lugares de destino
han aumentado. Se estima que 170 millones de personas viven fuera de su país
natal; más de la mitad de estas personas, viven en países
en desarrollo.
Esta
dinámica migratoria se hace presente en la mayoía de los países del mundo. Guatemala vivió con intensidad los desplazamientos
forzosos en los últimos 40años y sigue viviéndolos. Ellos se originaron y siguen
originándose a raíz de los conflictos internos, de la pobreza y pobreza extrema
que golpea a la gran mayoría de la población. En
la actualidad, Guatemala, cuenta con más de UN MILLIÓN DOSCIENTOS MIL
nacionales viviendo en el extranjero. Es una fuerte corriente migratoria que
tiende a incrementarse debido a las pésimas condiciones socio-económica y políticas del actual modelo económico.
Durante
las últimas décadas se desarrollaron diferentes mecanismos de integración económica, con la liberalización del comercio y las inversiones, y por
otro lado, ha aumentado en la región la circularidad migratoria. Debemos
considerar que la movilidad de las personas se ha expandido a contracorriente
de las políticas siempre más restrictivas y el clima
anti-inmigratorio que se dio a inicio de los años 90
en muchos países receptores de migrantes.
Una
de las principales tendencias de la globalización
económica se manifiesta en los movimientos de capitales, inversiones e
informaciones, generados por la intensificación de
la economía neoliberal. Por otro lado, el fantasma del terrorismo internacional
acentúa en los propios países el endurecimiento de los controles
para el ingreso de las personas que quieren migrar. Debido a las políticas y leyes migratorias restrictivas en las fronteras, muchos migrantes
buscan la vía alternativa de la irregularidad. También constatamos el incremento de actitudes xenofobicas, racistas y
descriminatorías hacia los migrantes las cuales debemos combatir.
En el
DÍA DEL MIGRANTE, no podemos contentarnos con dejar pasar el dolor injusto
y la exclusión que sufren a diario nuestros hermanos y hermanas migrantes. Ante esta
realidad, no podemos ser indiferentes pues ése es un grito por la solidaridad. Cómo podemos hablar de solidaridad, si no hemos hecho algo a favor de la
población migrante?
Con
lo expresado anteriormente los motivo a tener actitudes de solidaridad bien
concretas hacia los migrantes. Primero: celebrar con alegría el DÍA DEL MIGRANTE a la luz de la fe, y estar plenamente convencidos
de que en el corazón de la Iglesia del Sñor - NADIE ES
EXTRANJERO - que ella sea cada vez más acogedora y servicial. Segundo: que el Día del Migrante sea un espacio prioritario en todas las diócesis, parroquias y comunidades de nuestra Patria. Tercero: que se haga
algún tipo de campaña de solidaridad para la recaudación de víveres, ropa, zapatos o de un aporte económico
para el mantenimiento de las obras de la Pastoral del Migrante. Que dichas
donaciones sean enviadas en la Pastoral de Movilidad Humana o Casas del
Migrante.
Nuestra
principal responsabilidad está en el fomento de la justicia que es la
practica de la oración solidaria a través de acciones concretas. Rueguen al Dueño de
la vida que nos ayude alcanzar una verdadera y santa conversión. Que los gestos de solidaridad nos anime a seguir el camino de Jesús.
Confiemos siempre en el valor y la eficacia espiritual de la solidaridad.
Deseo
que todos los guatemaltecos y guatemaltecas imiten el ejemplo del Santo Hermano
Pedro y del Beato Juan Bautista Scalabrini, de caridad evangélica, asumiendo el compromiso decidido de
transformar la comunidad humana en una gran familia, donde las relaciones
sociales, políticas y económicas sean dignas del hombre y se promueva la
dignidad de la persona con el reconocimiento efectivo de sus derechos
inalienables. (Juan Pablo II, Homilía de Canonización del Hermano Pedro, 30 de Julio 2002).
Que
María Santísima, quien peregrino con José y el Niño
Jesús hacia Egipto, proteja a todos los migrantes.
Mons. Alvaro Leonel Ramazzini Imeri
Obispo de San Marcos
Presidente de la Pastoral de Movilidad Humana
Guatemala de la Asunción, 26 de Agosto de
2003.