UN LLAMADO DE LA IGLESIA A RECHAZAR LA XENOFOBIA, EL RACISMO Y LA DISCRIMINACION

COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE GUATEMALA

 

Cuando un forastero viva junto a ti, en tu tierra, no lo molestes…” (Lv 19:33-34).
“Pasé como migrante y ustedes me recibieron en su casa” (Mt 25:35-43).

 

Hermanos y hermanas en Cristo: una vez más les envío a ustedes estimados sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas, laicas y laicos comprometidos con la justicia y la verdad, un saludo fraterno lleno de paz, alegría y esperanza. Asimismo, los motivo a construir la solidaridad sin fronteras a través de la unidad y ser puentes de esperanza en este mundo globalizado para acoger dignamente a nuestros hermanos y hermanas migrantes.

Cada año, la Iglesia celebra, el primer domingo de septiembre, el Día Nacional del Migrante, que es una gran oportunidad para reflexionar sobre el fenómeno migratorio y la dura realidad que viven los migrantes en buscan de mejores oportunidades de vida.

Una de las preocupaciones pastorales del mundo actual es el aumento de la movilidad de personas, a causa de la situación socio-económica y política, y de las grandes injusticias que se vive en los país en donde se originan los flujos migratorios. Basta pensar que en una buena parte los grandes centros urbanos y periferias están conformados por migrantes del campo que han sido forzados a dejar sus tierras por falta de proyectos de desarrollo económico de parte de los gobiernos. “Un gobierno que no se rigiera segúen la justicia, se reduciría a una gran banda de ladrones,” dijo San Agustín.

Durante los últimos años, se han desarrollado diferentes mecanismos de integración económica y apertura de las fronteras, para la libre circulación del comercio y de las inversiones. Sin embargo, la suerte de los migrantes ha sido bien distinta. Ellos no han tenido los privilegios de los mercados y se les impidió circular libremente. La intensidad de ese movimiento migratorio, se ha dejado sentir en la dinámica económica, social, política y cultural de los países de origen. El impacto de ese proceso se observa de manera notable en la dinámica de vida en diversos planos y niveles. No obstante, a pesar del grado de cambio que está provocando, las sociedades involucradas están haciendo poco para abordar el fenómeno en forma integral. De manera ambivalente y contradictoria, se han profundizado los sentimientos xenofòbicos, de exclusión y leyes antiemigrantes, al mismo tiempo que los gobiernos reconocen la importancia de las remesas. Ante dichas restricciones se incrementará el flujo migratorio por otras vías, facilitando así, el tráfico y la trata de personas.

La punta del iceberg de esa realidad migratoria aparece en el interés cada vez más explícito y creciente del flujo de envío de remesas familiares. Pero, los gobiernos hacen poco por la protección de los derechos humanos de los migrantes en tránsito o en ruta hacia los Estados Unidos y menos aún por salvaguardar sus derechos laborales, civiles, sociales, políticos y culturales en los países de destino. Esta falta de coherencia ha incrementado el riesgo y vulnerabilidad de las personas que se desplazan y ha incrementado el costo económico y familiar para hacerlo.

Guatemala, al inicio del siglo XXI, sigue siendo un país que expulsa personas, se caracteriza por ser de origen, de paso y destino de migrantes, y en menor medida, también de retorno de personas refugiados, que no lograron regularizar su estancia en los lugares de destino y de una cantidad creciente de personas que diariamente son deportados desde México y Estados Unidos.

En la celebración del Día del Migrante, “no se puede por menos de mencionar, el tráfico de seres humanos, sobre todo de mujeres y menores, que prospera donde son escasas las oportunidades de mejorar la propia condición de vida, o simplemente de sobrevivir. Al traficante le resulta fácil ofrecer sus “servicios” a las víctimas, que con frecuencia no albergan ni la más mínima sospecha de lo que deberá afrontar luego. En algunos casos, hay mujeres y muchachas que son destinadas a ser explotadas, en el trabajo, casi como esclavas, y a veces incluso en la industria del sexo. Asimismo, Juan Pablo II se expresó fuertemente en contra; “la difundida cultura hedonista y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad”. (“Migraciones: Signos de los Tempos”. Mensaje del Papa Benedicto XVI para la 29 jornada mundial del migrante y del refugiado 2006.)

La Iglesia contempla este mundo de sufrimiento y de violencia con los ojos de Jesús, que se conmovía ante el espectáculo de las muchedumbres que andaban errantes, como ovejas sin pastor (Cf. MT, 9,36). Esperanza, valentía, amor y también “creatividad de la caridad” (Carta ap. Nuevo Millennio Ineunte, 50) debe impulsar el necesario compromiso, humano y cristiano, para socorrer a estos hermanos y hermanas en sus sufrimientos”. (Mensaje de Benedicto XVI para la 29 Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado.)

El camino para aliviar el dolor y el sufrimiento humano de los migrantes es la solidaridad y la comunión de corazón. Es por ello, que con alegría invito a todos a celebrar el Día del Migrante a la luz de la fe viva en Jesús, para escuchar el grito de indignación de miles de migrantes que claman al cielo empañado de esperanza por un futuro mejor. Ante el dolor, el rechazo, los muros y la discriminación, no podemos perder la esperanza, porque el Señor es el dueño de la vida y de la historia.

En el corazón de la Iglesia nadie es extranjero. En nuestras responsabilidades pastorales ante un mundo globalizado, debemos fomentar la justicia y la verdad para construir caminos de solidaridad que nos unan con los más excluidos y marginados. Para los migrantes y para la Iglesia no debe de haber muros y fronteras, sino puentes que nos unan como hermanos y hermanas.

Por ese motivo invitamos a todas las diócesis, parroquias y comunidades a que hagan una campaña de solidaridad en el Día del Migrante. Estas pueden ser en víveres, ropa, zapatos o de un aporte económico para el mantenimiento de las obras de la Pastoral del Migrante. Dichas donaciones pueden ser enviadas a la Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala o a las Casas del Migrante. La eficacia de la espiritualidad de la solidaridad nos hace cada vez más humanos.

Invito a todos los guatemaltecos y guatemaltecas a poner en práctica la caridad evangélica junto con la administración de los sacramentos y el anuncio de la palabra: practicar el amor hacia el prójimo, principalmente con los más necesitados e indefensos de nuestra sociedad. Que la espiritualidad de la sagrada familia, Jesús, María y José acompañe el peregrinar esperanzado de cada migrante y sus familias, y nos bendiga a todos.

 

Mons. Rodolfo Bobadilla Mata
Obispo de Huehuetenango
Presidente de la Pastoral de Movilidad Humana
Conferencia Episcopal de Guatemala

Guatemala de la Asunción, 31 de Agosto 2006